los pequeños placeres me hacen feliz.

Imaginemos una línea tan delgada y frágil como un hilo y que une de un extremo a otro dos precipicios...encima de dicha línea imagina una persona que trata de alcanzar por todos los medios el espacio existente. Imaginemos por un momento que esa persona soy yo y que esa fina línea es la vida. Pues bien, cuando saboreo las pequeñas cosas de la vida, si esas cosas, las que realmente para mi tienen sentido, mi propio equlibrista mantiene perfectamente el equilibrio...¡incluso es capaz de andar por la cuerda con los ojos cerrados y las manos atadas a la espalda! Pero cuando ocurren a mi alrededor cosas agrias...pierde el control, se desestabiliza...tiembla, y pasa mucho tiempo en volver a recuperar el control. La solución está en hacer más gorda o quizas más fuerte dicha línea...y el problema no es que no sepa como hacerlo, sino como llevarlo a cabo.